miércoles, 3 de diciembre de 2014

Españoles en la Primera Guerra Mundial

El rey Alfonso XIII junto a Eduardo Dato 
En Cuadernos de Historia no podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar de la participación de los Españoles en la Primera Guerra Mundial. En el anterior post hacia un resumen del final de la Guerra y en esta ocasión me he sumergido en el mundo de los libros para rescatar unos sucesos ignorados por la mayoría, por supuesto en este caso me incluyo en esa mayoría.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 dejó dividida a la población española entre los que querían participar en la contienda y los que preferían mantenerse neutrales. El país aun no había superado el varapalo que supuso la pérdida de las últimas colonias en el año 1898, lo que propiciaba una inestabilidad social, política y económica que difícilmente se podría superar de intervenir en el conflicto.
A pesar de que eran muchos los partidarios en tomar parte, estos estaban divididos en los dos bandos enfrentados en el mismo. Por una parte se encontraban los "germanófilos", compuesto por conservadores y la mayoría de los miembros del ejército, que apoyaban a las potencias centrales, representadas por los imperios alemán y austrohúngaro.
El ala más progresista de la sociedad daba su apoyo a los aliados, con el Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso a la cabeza. Paradójicamente, el entonces rey de España, Alfonso XIII era más partidario de apoyarlos en caso de entrar en el conflicto armado.

Esta división hizo que el gobierno, encabezado por el conservador Eduardo Dato Iradier, se plantease la neutralidad como mejor solución y así adherirse al bando ganador tras la guerra.
Ya que el país no pensaba participar oficialmente, se buscaron fórmulas con las que poder intervenir, por lo que un numerosísimo grupo de voluntarios se alistaron a la Legión Extranjera del ejército francés a través del reclutamiento que efectuó  la Association Internationale des Amities Francaises.
Varios miles fueron los voluntarios reclutados y que participaron apoyando al bando aliado como legionarios. El grupo más numeroso estaba formado por jóvenes independentistas catalanes, seguidos por aragoneses y vascos.
El hecho de que muchos de esos voluntarios procediesen de Cataluña se debía a la creencia de que si apoyaban al bando aliado, una vez finalizada la guerra, serían ayudados para conseguir su ansiado 'Estado Catalán'.
Insignia del Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera de FranciaComo apoyo a los participantes en la Guerra se fundó el "Patronato de Voluntarios Españoles" gestionado por Jacobo Fitz-James Stuart (Duque de Alba) y la Unió Catalanista creó el "Comité de Hermandad con los Voluntarios Catalanes" presidido por el médico y político independentista Joan Solé y Pla.
No sólo el ejército francés recibió solicitudes de reclutamiento. Existe el caso de un voluntario español, nacido en Canfranc (Huesca), que participó en la PGM, alistándose y luchando en el ejército de los Estados Unidos, su nombre era Antonio Beltrán Casaña.
Pero no solo hubo quien participó en la Gran Guerra en ese bando, sino que otros muchos  quisieron hacerlo a favor de los países centrales.
No obstante, no querría acabar este post sin explicar un anecdótico caso que ocurrió en 1916, en el que un ciudadano español trabajó como espía para el ejército alemán.
Se trataba de Adolfo Guerrero, el cual se trasladó hasta Londres como supuesto periodista del diario madrileño "El Ideal". Las autoridades de la capital británica tenían serias sospechas hacia él, por lo que decidieron vigilarlo de cerca. Al ser preguntado, a la llegada al país por el motivo de su visita, Guerrero aseguró estar enviado por el director de un periódico en calidad de articulista. Es más, por cada escrito cobraría mensualmente 30 libras esterlinas (de la época).
Tras varias semanas en el país, fue detenido y acusado de espionaje a favor del ejército germano, habiéndose dedicado durante ese tiempo a proporcionar todo tipo de informaciones referentes a las defensas aéreas contra los zepelines.Monumento a los catalanes que lucharon en la PGM 
Fue juzgado y condenado a la pena de muerte, pero tras una ardua y efectiva negociación por parte del Rey Alfonso XIII, se logró conmutar la pena por la de 10 de trabajos forzados.
Durante un tiempo, el gobierno británico no quiso que trascendiera la noticia a los medios, debido a que, el trato de favor que había realizado con el espía español, no lo había tenido con los de otras nacionalidades.
Espero que hayas disfrutado de la lectura y que tengas buena semana.
Fuerteventura, 04 de Diciembre de 2014

El Final de la Primera Guerra Mundial

Un día como hoy, pero de 1918 las armas cesaron sus infernales descargas y un silencio perverso invadió los cruentos campos de batalla cubiertos con la sangre de los soldados que murieron en defensa de su patria por una causa que muchos desconocían.
Se escucharon gritos pero esta vez no eran de dolor, eran de alegría. El Kaiser se ha rendido, la guerra ha terminado y la paz ha vuelto al mundo. 96 años han pasado y la herida sigue abierta.
"En tiempos de guerra, son los padres los que entierran a sus hijos. Descansen en paz aquellos soldados que combatieron en fiera contienda, sin importar nacionalidad, credo o color de piel.”
Desde Cuadernos de Historia repasamos las claves que pusieron fin a un triste episodio en la Historia de la Humanidad y que dejo unas cifras aterradoras.
Se registraron 10 millones de muertos y 20 millones de heridos entre los combatientes. Los datos de las víctimas civiles directas o indirectas son muy difíciles de establecer. 
En 1918 ambos bandos atravesaban serias dificultades tanto militares como económicas. Sin embargo, la fatiga era más visible en el bando de las potencias centrales que en el aliado, pues la incorporación de los Estados Unidos al conflicto había supuesto una auténtica inyección de recursos materiales y humanos.
No obstante, en 1918 los alemanes consiguieron eliminar definitivamente del escenario bélico a los rusos que habían iniciado negociaciones para poner fin al conflicto. Una serie de derrotas continuadas habían animado al gobierno revolucionario soviético a firmar en marzo el Tratado de Brest-Litovsk.
Con las manos libres en el frente oriental, el general alemán Ludendorff inició una ofensiva en el lado occidental. Fue la conocida como 2º Batalla del Somme para diferenciarla de los combates que se habían desarrollado en la misma zona en 1916. La iniciativa fracasó, pues los aliados frenaron la ofensiva en el Marne, en el mismo lugar donde Joffre había hecho abortar en 1914 el Plan Shlieffen.
La contraofensiva aliada al mando del general Foch fue iniciada en julio de 1918 y forzó el repliegue de las tropas germanas. En agosto un nuevo ataque aliado que empleó abundantes carros de combate desplazó a los alemanes hasta la frontera belga. La crisis militar se tradujo en deserciones masivas.
El 8 de noviembre de 1918 estalló en Berlín un movimiento revolucionario y el Kaiser Guillermo II abdicó. Se formó un nuevo gobierno que encabezó el socialdemócrata Ebert. Alemania firmó el armisticio el 11 del mismo mes.
La monarquía de los Hohenzollern dejó paso al establecimiento de una República democrática, la de Weimar, regida por un frágil sistema parlamentario, que fue presa de una gran inestabilidad hasta 1933, fecha en que Hitler abolió la democracia. Esa fragilidad fue causada principalmente por la crisis económica de posguerra y sus secuelas sociales y políticas.
El Imperio Austro-Húngaro se rindió a mediados del mes de noviembre, en tanto que búlgaros y turcos lo habían hecho ya en septiembre y octubre respectivamente.


Fuerteventura, 04 de Diciembre de 2014 

martes, 11 de noviembre de 2014

Blas de Lezo

Desde Cuadernos de Historia no podíamos dejar pasar la ocasión que nos ofrece la próxima inauguración de la estatua de Blas de Lezo. El próximo sábado 15 de noviembre, se inaugurará   la estatua en honor del teniente general de la Armada Blas de Lezo y Olavarrieta, el acto contará con la presencia del Rey.
Este marino español fue el artífice de la victoria de la batalla de Cartagena de Indias  (Colombia, 1741), es uno de nuestros más grandes héroes de la Historia de España, don Blas de Lezo.  
Cojo, manco y tuerto, "el Mediohombre" como era conocido este guipuzcoano de Pasajes (1689-1741) lideró la defensa de aquella ciudad clave para el dominio de Suramérica.  Se dice que sin su victoria hoy todo el continente americano hablaría inglés.
Frente a una flota de unos 195 navíos británicos y con tan solo seis barcos, Blas de Lezo aprovechó las fortificaciones de aquella ciudad del Virreinato de Nueva Granada para derrotar al almirante inglés Edward Vernon quien incluso acuñó previamente monedas con la rendición de Blas de Lezo para una victoria creída por segura… algo que no fue tal. 
El monumento, estará emplazado en los jardines del descubrimiento, la plaza de Colón;  tendrá 7 metros de altura, con 3 metros de escultura y ha sido creado por   Salvador Amaya y sufragado mediante subscripción pública.
De este modo,  273 años después de la batalla de Cartagena de Indias, Madrid y España rendirán justo homenaje  a este vasco de Pasajes, marino y héroe español.  
Murió Don Blas sin reconocimiento merecido y además denostado por su rey. Pasados 20 años, recibió su primer reconocimiento con la concesión de un título honorífico en la persona de su hijo. 70 años después se publican las primeras monografías sobre el ilustre marino. Se coloca una placa en su casa de Pasajes. Una escultura, donada por el gobierno español, en Cartagena de Indias; un busto en una calle de San Sebastián y se pone su nombre a una fragata de la Armada Española. Con el paso del tiempo se fue perdiendo  su recuerdo para generaciones posteriores. Pero recientemente se ha despertado un gran interés gracias a los nuevos medios de internet.
Otro ejemplo de la gratitud de los españoles por los que lucharon y murieron por nuestro país. Increíble pero cierto, España le olvidó.
Desde Cuadernos de Historia este pequeño homenaje a tal insigne militar.
Esta es su historia:

Valiente, honorable, buen estratega… muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcos durante el Siglo XVIII.
Esta historia, digna de salir en cualquier película de la conocida saga «Piratas del Caribe», es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Sin embargo, se suma a las docenas de hazañas que han caído en el olvido.

Cojo, manco, y tuerto
Blas de Lezo nació en Pasajes, Guipúzcoa, el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. «Las fuentes son confusas y señalan otro lugar posible de nacimiento y otra fecha dos años posterior, pero en lo que no hay duda es que es un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia» determina Jesús María Ruiz Vidondo, doctor en historia militar, colaborador del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) y profesor del instituto de educación secundaria Elortzibar.
Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. «Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse», destaca el historiador.
Ese mismo año se quedaría cojo. «La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga, la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española» afirma Vidondo. «Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo, pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia, el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación», cuenta Vidondo.

Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia militar.
El ojo lo perdió dos años más tarde, en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.
Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida», determina el experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el«Almirante Patapalo» o el «Mediohombre». Su leyenda había comenzado.

Hazañas iniciales
Una vez finalizada la Guerra de Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del galeón «Lanfranco». «Se le integró en una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.
«Sus primeras operaciones fueron contra el corsario inglés John Clipperton. Éste logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a teniente general en 1734. Sin embargo, su misión más difícil llegó cuando fue enviado aCartagena de Indias (Colombia) como comandante general.

El mayor reto de Lezo
El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad.
El pretexto fue el asalto a un buque británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia de Robert Jenkins ante la Cámara de los Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca, había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra a España.
Los preparativos se iniciaron, y los ingleses no escatimaron en gastos. «Para vengar la oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista en la historia (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el experto en historia militar.
Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. «Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica Vidondo.
Pero, lo que tenía a su favor el «Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande». El primero, estaba defendido por dos fuertes (el de San Luis y el de San José) y el segundo por cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más alejado- y el castillo de San Felipe).
Lezo se preparó para la defensa, situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el «Mediohombre» se preparó para la defensa.

Comienza la batalla
«El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad británica y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma Vidondo.
«La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses», narra el historiador.

Tras acabar con varias baterías de cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora», determina el experto en historia militar. El bombardeo fue masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
El ímpetu del ataque obligó al español a tomar una decisión dura: «Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma Vidondo.
A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron», sentencia el experto. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.

Vernon se cree vencedor
Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada», narra el historiador.
Vernon envió en ese momento una corbeta a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su gran victoria sobre los españoles. La noticia fue recibida con grandes festejos entre la población y, debido al júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer «El orgullo español humillado por Vernon» y. además, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés.

La victoria del «Mediohombre»
Vernon estaba decidido, la hora de la victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe, donde resistían únicamente seis centenares de soldados, según cuenta el historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque», sentencia Vidondo.
Según narra el doctor en historia, el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500 soldados a manos de los 600 españoles que consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida, aunque esta vez planeó que sus soldados usarían escalas para poder atacar directamente las murallas.
En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte superior de las murallas. «El ‘Almirante Patapalo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto», determina Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien, «Mediohombre».

El día siguiente, según afirma el historiador, los españoles salieron de la fortaleza dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos. Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Patapalo».
Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.
Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. Sin embargo, según determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja, ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.
De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!). Podía maldecir todo lo que quisiera, pero había sido derrotado.

La mentira del inglés
Además, según determina Vidondo, a Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta que, finalmente, sus compatriotas descubrieron el engaño. Cuando salió a la luz, la vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron medidas más drásticas para acallar la gran derrota: «El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla», finaliza Vidondo.
Esperamos que hayas disfrutado de la lectura.

Fuerteventura, 12 de Noviembre de 2014


jueves, 9 de octubre de 2014

La Conquista de Saigón, Viaje a la Cochinchina



En Cuadernos de Historia nos trasladamos en esta ocasión al continente asiático donde los soldados españoles tuvieron una participación muy activa, primero con la participación militar española en la conquista de Saigón y posteriormente ya en el Siglo XX, apoyando a los E.E.U.U. en la Guerra de Vietnam enviando médicos militares a la zona en conflicto, pero esto forma parte del siguiente capitulo de Cuadernos de Historia. En este post nos ocuparemos de la conquista de Vietnam por la expedición franco-española como represalia por la persecución religiosa y muerte de sacerdotes.

Durante el reinado de Isabel II, en 1858, el gobierno español presidido por O’Donnell, ordenó  la  participación de España junto a Francia en la Guerra de la Cochinchina, la actual Vietnam del Sur.

Un grupo de soldados españoles, junto a franceses y filipinos, se desplazó hasta la Cochinchina (Vietnam del Sur) y tomó Saigón. Allí permaneció hasta 1862, cuando el emperador vietnamita pidió la paz, tras la cual nació la Indochina francesa. España había colaborado en su creación, pero apenas obtuvo beneficio. Recordamos este episodio, uno de los más olvidados por la historia oficial.

Fue una victoria tras otra. Después de la muerte, en septiembre de 1857, del vicario apostólico del Tonkín central, el dominico español José María Díaz Sanjurjo (Melchor de San Pedro para sus fieles), una expedición de castigo de unos 3.000 soldados franceses, españoles y filipinos conquistó Danang, la principal ciudad de Vietnam central, en septiembre de 1858. Unos meses después, se dirigieron hacia Vietnam del Sur, en aquella época conocida como la Cochinchina, y tomaron la ciudad de Saigón, que ya entonces tenía más de 100.000 habitantes. Finalmente, en mayo de 1862, el emperador vietnamita Tu Duc pidió que se iniciaran las negociaciones de paz que se concretaron en el Tratado de Saigón. Era el nacimiento de la Indochina francesa, en el que España colaboró de forma significativa.
España se unió a la expedición de Cochinchina sin saber muy bien los objetivos, aparte de la gloria de defender a los suyos. Además, hay que tener en cuenta que, en esos años, el ejército español estaba muy disperso y las posibilidades de actuar, debilitadas. Había participado con diferente suerte en diversas campañas en América, como la dirigida por Prim en México y la de Santo Domingo; estaba combatiendo en la costa americana del Pacífico (1863-1866) contra las nuevas naciones de Perú y Chile, y luchaba contra los rifeños en la guerra de Marruecos. Además, el país había sufrido la tragedia de tres guerras civiles. Por ello, de los trece buques que participaron inicialmente en la expedición de Indochina, solo uno era español. Se trata del Elcano, que, además, era el que tenía menor capacidad de fuego, con solo dos cañones y 75 tripulantes, mientras que la fragata francesa Nemesis, por ejemplo, tenía 52 cañones. Más tarde el Elcano fue sustituido por el vapor Jorge Juan, con seis cañones y 175 tripulantes.

El contingente militar, mayoritariamente integrado por filipinos, zarpó de Manila en dirección al puerto de Danang, llamado antiguamente Turón por los españoles, principal ciudad de Vietnam central. En septiembre de 1858 cayó esta localidad, y el 10 de febrero de 1859 los aliados atacaron Saigón, la capital de la Cochinchina. Tras la toma de la plaza, el mando francés izó la bandera tricolor y se apropió del botín. El ejército galo siempre consideró a las tropas españolas como auxiliares y mandó regresar a Filipinas todo el contingente español que no estuviera en Saigón, y con ellos al jefe del cuerpo expedicionario, el coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote. Solo quedó en Vietnam un centenar de soldados españoles bajo la órdenes del teniente coronel Carlos Palanca Gutiérrez. Tras diversas acciones militares, en la primavera de 1862 el emperador Tu Duc aceptó las condiciones de París: cedió la zona ocupada a Francia y permitió la libertad religiosa. Un año después, los franceses ocuparon Camboya y una década más tarde, el norte de Vietnam. En 1902 habían conseguido unificar toda Indochina y España apenas había sacado beneficio de la campaña. Las tropas regresaron a Filipinas y la historia oficial española empezó a olvidar la expedición.

Referencias Bibliográficas de la Batalla de Saigón

La campaña de Cochinchina, Gainza, F.,Algazara, 1997.
La Guerra de la Cochinchina,Perucho, J., Destino, 1986.
Extremo Oriente en la política exterior de España (1830-1885),Togores, L., Prensa y Ediciones Iberoamericanas, 1997
Reseña histórica de la expedición a Cochinchina, Palanca, C., L. Montello, 1869
La guerra de la Cochinchina: cuando los españoles conquistaron Vietnam, Kuis Alejandro Sintes ,  Edhasa, Barcelona, 2006.
Fernando González Silva
Fuerteventura, 10 de Octubre de 2014

lunes, 11 de agosto de 2014

Los Españoles en la Liberación de Mauthausen

En esta ocasión en Cuadernos de Historia nos ocupamos de la liberación del campo de exterminio nazi de Mauthausen. A finales de abril de 1945, la zona de Mauthausen estaba cercada, al oeste los americanos y al este los rusos. A primeros de mayo, los SS abandonaron el campo para hacer frente a los rusos. De la custodia del campo quedó encargada la policia de Viena. Como podéis imaginar la policía de Viena no quería problemas de ningún tipo así que que cuando, el 5 de mayo, aparecieron unos Jeeps del Ejército americano salieron corriendo dejando todas sus armas.

Sin embargo, sólo se trataba de una patrulla de reconocimiento que se había perdido. La liberación tardaría en llegar ya que las tropas americanas estaban a uno 40 km del campo. Ante esa situación, el Comité Internacional de Presos se hizo cargo del campo y se hizo con todas las armas.

Mauthausen está cerca de Viena, en una colina que domina la ribera del Danubio. Los SS estaban en la otra orilla para hacer frente a los rusos ya que, por lo visto, a los americanos no les iban a combatir.

Ya habían tenido unos enfrentamientos en el pueblo de Mauthausen. Unos miembros del aparato militar que habían ido al pueblo, españoles y soviéticos, se habían enfrentado a unos SS; que habían cruzado el río y avisado a los demás. Cuando informaron de la situación, Bachmayer, el jefe de las SS, mandó preparar un batallón para aplastar a la resistencia, tanques Tiger incluidos.

Sólo quedaba en pie el puente del ferrocarril y el CI se apresuró a defenderlo a toda costa. Del flanco izquierdo se encargaron los españoles y del derecho los soviéticos, quedando el embarcadero del Danubio para los checos. Resistieron. Destruyeron los Tiger de la avanzada con unos panzerfaust que habían conseguido y lograron rechazar los ataques alemanes. No obstante, la situación era desesperada. Las municiones escaseaban y había muchos muertos y heridos. Y no hay que olvidar que, aunque combatientes experimentados y aunque los que estaban alli eran los que tenían más fuerzas, eran prisioneros de un campo de concentración nazi.

El dia 4 de mayo, los rusos atacaron a los alemanes, por lo que las tropas SS tuvieron que ir a hacerles frente, permitiendo descansar a los prisioneros. Ya no hubo más combates y poco después el campo fue liberado oficialmente por los americanos.
Cuando el ejército estadounidense entró en Mauthausen las banderas republicanas habían sustituido a las esvásticas y en la puerta principal colgaba una pancarta en la que se leía: "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras".
Cerca de 7.200 republicanos españoles fueron deportados al campo, falleciendo cerca de 5.000.
Desde Cuadernos de Historia nuestro recuerdo a su Memoria.

Fuerteventura, 12 de Agosto de 2014

jueves, 24 de julio de 2014

La Nueve, la compañía olvidada de la II Guerra Mundial



 
Como ya informábamos en el post de Presentación del Blog, nuestro primer cuaderno de historia lo dedicamos a este grupo de soldados españoles que participaron en la Segunda Guerra Mundial en el bando aliado. Por supuesto, hablaremos en otra ocasión de los participantes españoles en la Wehrmacht.
“La Nueve” era el nombre popular de la novena compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, al mando del general Leclerc, compañía bajo mando francés, formada por 150 republicanos españoles –prácticamente la totalidad–. Fueron los que liberaron París, en poder de los nazis. En otras compañías de la 2ª División había también muchos soldados descendientes de españoles.
Eran duros, altivos y temerarios, y por eso su capitán les puso el apodo de "Los Cosacos".

La mayoría de los hombres de “La Nueve” apenas tenían 20 años cuando en 1936 lucharon en España para defender la legalidad de la segunda República. Salieron de España y se sumaron a la resistencia o a las tropas que combatían contra los nazis: estuvieron nueve años empuñando las armas para defender la libertad y la democracia. En la noche del 24 de agosto de 1944 fueron los primeros en entrar en París, con La Nueve de Leclerc. En sus carros de combate llevaban nombres españoles: Brunete, Teruel, Ebro, Guernica… los soldados se apellidaban Campos, Granell, Bernal, Fábregas, Royo, Pujol, Domínguez… eran de Murcia, Cataluña, Madrid, Castilla…

El Gobierno francés de Vichy desconfiaba de los republicanos españoles refugiados en Argelia, a los que se les ofreció trabajar en Francia, enrolarse en la Legión extranjera, o ser repatriados a España. La mayoría de los veteranos de la guerra civil española eligió la Legión: se unieron al movimiento de la Francia Libre para después, bajo otra bandera, seguir luchando contra el fascismo.

Tras los desembarcos aliados del 8 de noviembre de 1942, las autoridades de la Francia Libre, instaladas en Argelia, crearon el Corps Franc d'Afrique, un cuerpo destinado a combatientes no franceses, formado mayoritariamente por españoles. Entraron en combate en diciembre de 1942, contra el Afrika Korps, compuesto por tropas alemanas e italianas. Durante la primera mitad de 1943, los republicanos españoles lucharon con ardor en los riscos y desiertos arenosos de Túnez. El 7 de mayo de ese año conquistaron la ciudad portuaria de Bizerta, siendo ésta su última actuación en África.
La División Leclerc nació en mayo de 1943, bajo el mando del general Philippe Leclerc. Tenía 16.000 hombres (unos 2.000 eran españoles). Después de que la Francia Libre tomara el control del Norte de África, los republicanos españoles integrados en las tropas francesas tuvieron que elegir entre la División Leclerc o las fuerzas del general Henri Giraud, (formadas por leales a los colaboracionistas de Vichy, que habían cambiado de bando). La gran mayoría de los españoles escogió la unidad de Leclerc. El Ejército francés les permitió bordar en sus uniformes la bandera española tricolor republicana.
     

                                
“La Nueve” estaba al mando del capitán Raymond Dronne. La mayor parte de los españoles eran socialistas, anarquistas, del POUM, algunos comunistas, apolíticos hostiles a Franco… la noche del 31 de julio al 1 de agosto la compañía desembarcó en la playa de Utah, en Normandía. Se encuadró dentro del III Ejército de los Estados Unidos, al mando del general Patton.

Las primeros enfrentamientos de los españoles contra la Wehrmacht, se desarrollaron en  Rennes, Le Mans, Château-Gontier… combatieron duro junto a soldados estadounidenses en Alençon. El 7 de agosto La Nueve sufrió su primera baja en combate: Andrés García. El 12 de agosto los Aliados quedaron sorprendidos por su experiencia bélica, cuando los españoles capturaron a 130 prisioneros alemanes en Eccouché.

El 16 de agosto la División Leclerc fue atacada por las divisiones nazis de las Waffen-SS y otras divisiones de tanques Panzer, más la 3ª División de Paracaidistas. La batalla fue cruenta: Ese mismo día murió el español Constant Pujol abatido por la ráfaga de la metralleta de un oficial. Su compañero Juan Castells abatió al alemán con disparos de pistola. Al día siguiente fue abatido Roberto Helios. Los días 18 y 19 el segundo Ejército británico de Montgomery alcanzó la zona y lanzó un contraataque, repeliendo el ataque alemán.

En la noche del 24 de agosto de 1944, la Nueve entró en el centro de París por la “Porte d´Italie”. En la plaza del Ayuntamiento, el semioruga español “Ebro” disparó contra un grupo de fusileros y ametralladoras alemanas. Después los civiles que salieron a la calle cantando “La Marsellesa”, comprobaban que los primeros soldados liberadores eran todos españoles. También tomaron al asalto la Cámara de los Diputados, el Hôtel Majestic y la Plaza de la Concordia. En la tarde del 25 de agosto, la guarnición alemana de París se rindió: los soldados españoles recibieron como prisionero al comandante Von Choltilz (mientras, otras unidades francesas entraban en la capital).

El 26 de agosto, las tropas aliadas entraron triunfantes en París. Los españoles desfilaron frente a la catedral de Notre Dame, llevando en sus estandartes los colores de la bandera de la República española: después escoltaron al general Charles de Gaulle por los Campos Elíseos.
El mando militar dirigido por Charles De Gaulle reconoció la importancia de la 9ª Compañía dentro del Ejército francés, y el 26 de septiembre él en persona repartió las principales condecoraciones. La Medalla Militar y la Croix de Guerre fueron entregadas al capitán francés Raymond Dronne, al subteniente canario Miguel Campos, al sargento catalán Fermín Pujol y al cabo gallego Cariño López.
Os dejo un enlace por si queréis ampliar la información. Es un dossier muy detallado de las andanzas de la “Nueve” hasta el final de la Guerra:
http://www.lanueve.net/memoria/Una%20Breve%20Historia%20de%20la%20Nueve.pdf
¡Espero que disfrutaras de la lectura!

La Próxima semana nos trasladamos a la liberación de Mauthausen donde también participaron españoles, en este caso, prisioneros del Campo de Concentración. Buena Semana a todos y Todas.

Fernando González Silva
Fuerteventura, 24 de Julio de 2014
              

miércoles, 23 de julio de 2014

Presentación


Cuadernos de Historia nace como una evolución natural de mis inquietudes y mi amor a la Historia. Caminando ya hacia los 49 años, con la ilusión de un niño y como dice la canción, dando Gracias a la Vida por poder realidad varios de mis sueños, el poder entrar en la Universidad y estudiar Geografía e Historia. Se que son muchas las páginas y blogs en internet que se ocupan de la historia en sus múltiples variantes y épocas, contemporánea, antigua, medieval, etc. Y no deseo que ésta se convierta en una copia de lo ya publicado. Me centraré sobre todo, en esos hechos históricos de relevancia que han quedado olvidados o no han recibido el reconocimiento que deberían.
Fiel reflejo de esta situación es el primer post del blog dedicado a la “Nueve”, la división del General Leclerc, formada por republicanos españoles, que liberó Paris durante la Segunda Guerra Mundial.
                       
Espero que disfrutéis de la lectura y, Muchas Gracias por Vuestra Visita.

Fuerteventura, 24 de Julio de 2014